Respecto a los visitantes nombrados en los post anteriores, La Presi me pregunta si no andarían buscando el mesudacamboya de blogpot en lugar del nuestro de bloSpot. Hmmm... Investigaremos.
Bueno, pues el cuarto día tocaba a su fin, y nos quedaba por subir al Rockefeller Center (TOR, para los amigos de Jose Luis Moreno). Ya habíamos visitado sus bajos (...) y salimos del MOMA más que dispuestos a ascender hasta su mirador.
Aunque este edificio tiene una altura menor que el Empire State (El State Quieto competía con otro edificio por ser la punta más alta de NYC y su constructor hizo una pequeña trampuja sacando a última hora una antena que le dió unos metros de diferentecia, y la victoria), su ascensor es mucho mejor y suele haber menos fila.
Voy a decirlo desde ya: Yo soy más del TOR que del Empire, pero para gustos los colores.
Una vez montas (si, ya hemos pasado el croma de rigor) y comienzas el ascenso, el techo se ilumina y una pantalla en el mismo comienza a poner lucecicas de colores y una amena musiquilla. Era una mezcla entre la abdución extraterreste y estar en la intro del cine. El viaje se hizo corto porque todos los españoles (había otra pareja) nos pusimos a cantar "Mooo-vi-re-cord Tarata-tata-tata-taaa-tarara-tata-tatará!" riendo por lo bajini mientras el resto de guiris nos miraban raro.
¡Hombre! ¡Mira quien sale a recibirnos saliendo del ascensor!
La planta superior está acristalada a diferencia de las rejas que flanquean el perímetro del Empire, así que resulta más sencillo eludir la tentación de escupir al suelo o lanzar una "dime" por la borda.
Aunque la tienda de merchandising es peor, en la azotea podreis hallar una sala cubierta de luces en paredes, suelo y techo. En cuantro entras en ella, la sala te identifica con un color y tu posición se ilumina en las tres coordenadas (suelo-techo-pared).
El policía que estaba de vigilancia nos explicó en qué consistía el jueguecito de marras, y tras escucharle atentamente decidimos bautizarlo "El juego indescifrable" (Donde esté el Zaragozeando...)
Nos quedamos viendo como anochecía y lentamente se encendían las luces de la city y, sintiéndonos un poco más como Paul Auster, nos despedimos del hijo de Cata-Lejo y tomamos el ascensor de bajada...
... ¡Por cierto! ¡ No olvideis tocar la kriptonita cuando salgais del ascensor! Da suerte y dicen que la colocaron ahí para que Superman también tenga que usar el ascensor (O al menos eso me he inventado yo).

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