lunes, 29 de octubre de 2007

Día de compras (I)

Apenas quedaban un par de días para nuestro inevitable retorno a la Vieja Europa (y a la más vieja España, si cabe) y la Presi me hizo notar de forma sutil que aún no habíamos ido de compras (chopin', como el compositor).

Justo en ese momento decidí darle la sorpresa que ella esperaba: Justo hoy era el día en que ibamos a ir de compras. Por tanto guardé mi itinerario con las galerías de arte de Brooklin y mientras mi parte contratante se preparaba para salir me dediqué a buscar Bloomindales y toda la tropa de grandes tiendas equivalentes.

La zona buena buena de compras en Nueva York recorre toda la franja central de Manhattan.
Comenzando por el este, tenemos el Soho y Nolita (Grand St con Mott St). Aunque solo están separadas por una calle, es imposible confundirse: Se distinguen el uno del otro porque el primero huele como Venecia en verano (sol + peces + canales de agua) y las tiendas tienen maravillas de la talla de mejillones deshidratados que se venden en cucuruchos como si de frutos secos se tratase y otras cosas indeterminadas (y no siempre muertas del todo).
Además los autóctonos te venden todo tipo de objetos de todo tipo de marcas. No desconfies mucho si parece que te miran raro, es que son asiáticos y tienen los ojos asín.

El NOrte de Little ITAly se caracteriza por un montón de cubanos, ecuatorianos y similar repeinados hacia atrás e imitando gestos mezcla de Raffaella Carrá y Lecquio. Introducirse en estas calles es como entrar en un mundo mezcla de Los Soprano con Cristal y patrocinado por Telepizza.

Una vez saturados, paseamos por las escaleras de los Juzgados de NY que los más forofos recordarán como el lugar donde finaliza "Doce hombres sin piedad" y pasamos por el Edificio Flatiron reconocible por ser muy finito.

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