lunes, 23 de junio de 2008

Zamora no se tomó en una hora

Pero quizás sí en un poco más. El acceso a la zona histórica es ligeramente complicado si piensas (erróneamente) que el conjunto histórico y el centro ciudad se encuentran parejos, ya que llega un momento donde las señales se bifurcan. En realidad se sitúan a unos veinte minutos de paseo (lento) el uno del otro.


Tras aparcar en un Parking salimos a la Iglesia de la Magdalena, donde como curiosidad podéis dedicaros a buscar en la fachada sobre el portón a un obispo escondido. Lo dicen los folletos turísticos pero como encontrar al prelado no ofrece beneficio alguno, pues no tiene tanto tirón como el batracio salmantino (creer que te aprobarán alguna asignatura por haber visto la rana tiene un cierto gancho). Si, el obispo se ve en la foto.

Hacia el este por la Rua de los Francos aparecimos en la plaza de Viriato, defensor celtíbero contra los romanos con su estatua y su puñal que según el ángulo con el que se mire y lo enferma que tengas la mente su puñal parece otra cosa, como lo demuestra esta bonita foto.


En el parador que está en esa plaza nos indicaron la ubicación de la oficina de turismo más próxima –justo enfrente del parador, pero es que resultaba más fácil preguntar que mirar- y entrando a la misma los dos jóvenes que estaban tras el mostrador se incorporaron como el recepcionista del Hotel Tres Estrellas del Tricicle.

Entre la joven con americana y el chico gordico de (nueva) jersey morado nos decantamos por este último con la misma petición que en Ciudad Rodrigo: medio día para ver lo más representativo de la ciudad. Este comenzó a utilizar esa técnica tan manida de leer el mapa poniendo crucecitas sobre el mismo mientras lees textualmente los nombres: Esta es la iglesia nosecuantitos (cruz con el bic: ras-ras), este es el edificio de menganito (ras-ras)…

No hace falta ser psicólogo para detectar que cuando alguien trata de explicarte un mapa simplemente leyendo textualmente lo que pone solo caben dos alternativas: 1) Piensa que eres tan tonto que no sabes ni leer o 2) no puede darte más información que la que pone en el mapa.

Puesto que el chico de turismo no conocía mucho de la ciudad (Encontraba los lugares emblemáticos de la ciudad a la misma velocidad que yo y hallaba dificultades por tener que leerlos boca abajo al estar el plano de cara a nosotros) comprendí que no me tomaba por tonto sino que era solo ignorancia. A su favor, decir que la zona de tapas conocida como “Los Lobos” sí que la identificó rápidamente. Como nosotros también ignoramos muchas cosas, eso nos despertó un sentimiento fraternal y La Presi le preguntó si el domingo todo estaba abierto.

“No. El domingo cierra todo por la tarde, a partir de las dos. Pero las fachadas son bonitas así que eso al menos merece la pena.”

Miramos la hora. La una. Intentábamos desplazarnos hacia la salida para llegar al menos a ver la Catedral mientras nuestro querido nuevo amigo trataba de acabar de leernos los 74 puntos de interés turísticos de la ciudad (cruz de boli bic: ras-ras). Finalmente agarramos (empáticamente) el plano bajo el boli (raaaaaaas) y salimos por la puerta.

Atravesamos todo el casco histórico para llegar a la Catedral (lo que nos tomó aproximadamente unos tres minutos), y llegamos hasta la puerta para hallar el siguiente cartel.


El cerebro de nuestro amigo de turismo no tenía entre sus datos los horarios de misa, o quizás solo los daba si alguien le preguntaba explícitamente por ellos. En todo caso, víctimas del infortunio nos dirigimos a la casa del Cid, que estaba 1) allí al lado, 2) cerrada. Pero que tenía un portero automático donde jugamos con la idea de llamar y preguntar por el Cid, en un surrealista homenaje a Gila.

Reteniendo nuestras ganas, La Presi había divisado una segunda oficina de turismo y decidió comprobar si allí la gente era igual que en la otra oficina. En este segundo intento, la amable empleada nos informó de pequeños datos adicionales que al joven gordito se le había olvidado darnos como que el Castillo estaba en restauración hasta dentro de unos años, que la casa del Cid pertenece a un particular y solo restan del original los muros exteriores o que las Iglesias SI ABREN EL DOMINGO. DE CINCO A OCHO. TODAS. Bueno, creo que hay una que no porque el capellán fue a turismo a preguntar si le tocaba trabajar ese domingo. Pero el resto todas.


Querido amigo gordito del jersey morado, en el improbable caso que me leas: Las Iglesias de Zamora cierran los lunes. Si es que no se puede ser tan rojillo.

Por otro lado entiendo que, como Viriato, desees que la estancia de los extranjeros en Zamora no dure solo una hora sino que se trate de un asedio de años tratando de inútilmente de visitar los lugares emblemáticos.

Visto que no abrían hasta las cinco, nos fuimos a tomar tapas a la zona de Los Lobos (en torno a la calle San Atilano) y entramos en el bar Sevilla y el bar Caballero. En el segundo a destacar las raciones de patatas bravas muy buenas y el descubrimiento de un nuevo dato: Aquello que la Presi y yo siempre habíamos llamado “Tigres” aquí (en un nombre mucho más apropiado, a nuestro humilde parecer) lo llaman “Veleros”.


Luego tomamos un helado en la plaza mayor (Bar Occellum) contemplando el antiguo ayuntamiento (Hoy estación Policia, frente al nuevo ayuntamiento), la Iglesia de San Juan con las figuras de los capuchones y en lo alto una figura que homenajea al vigilante del puente de piedra (que ya me dirás tú a mi que tema: ser vigilante de un puente y que te suban al techo de la iglesia), al loco del pueblo y a la paloma que se me cagó encima (por suerte no fue una cigüeña, decía riéndose el camarero, porque igual me descoyunta el brazo).


Y visto que eran las cuatro y faltaba una hora para abrir la Iglesia, decidimos no darle un duro más al clero (3€ la entrada) y enfilamos de vuelta a Pucedolid.

Salir de Zamora no es tan sencillo.

Como si de una peli de terror se tratase, la ciudad no estaba dispuesta a dejarnos marchar tan fácilmente sin pagar el tributo de paciencia necesario. En primera instancia mientras la Presi cogía el coche yo me acerqué con la tarjeta del parking a pagar. No hallando cajero automático me planté frente a la amable señorita tras el mostrador y el cristal blindado y que, como la gran mayoría, tienen como consigna no hacer nada que pueda despertar la ira del cliente como por ejemplo mirarte a los ojos cuando hablas, usar tonos de voz o sonreir.

Veo que la chica toma el ticket y comienza a escribir en un papel. Curioso: observo que pone en perfecto orden, uno debajo de otro “12:45”, “13:45”, “14:45”, “15:45”. Se queda un segundo mirando, calculando, y miro alrededor buscando el cartel que me indique que esta cabina está patrocinada por Brain training.

Tras calcular el tiempo, la joven marcó algo bajo el mostrador y (sin mirarme, por supuesto) me dijo: “Soncuatroquince”. Ofrecí cinco. Me devolvió el cambio. Esperé a que la amable señorita me devolviese la tarjeta para salir del parking. Solo en ese momento ella alzó su mirada y yo, hombre temeroso de Dios, giré mi rostro haciendo como que buscaba a La Presi aunque realmente estaba desviando la vista por miedo a quedar petrificado como por el basilisco.

“No, no. La tarjeta no la necesitas. Ya abro yo desde aquí”.

Por tanto volví al coche y salimos del parking. Agradecidos e estar vivos y escuchando todavía en nuestras cabezas la música de la Dimensión Desconocida. Si en ese momento hubiese visto escrito en las fachadas de la ciudad “Yog-Sothoth Nyarthloteph Ry’leh” no me hubiese extrañado en absoluto.

domingo, 22 de junio de 2008

La Cena del Buen Amor

El restaurante del Buen Amor se encuentra sito en las mazmorras. No, eso no quiere decir que tengas que comer con la muñeca apresada en un grillete colgado a la pared, estirándote para alcanzar con tu mano la masa grisácea que una anciana de nariz ganchuda ha lanzado con una cuchara de madera desde su marmita oxidada. Más bien lo contrario, aunque el par de ciervos disecados que te reciben a la entrada del restaurante parezcan sacados del decorado de La Princesa Prometida.

El restaurante es una enorme y cuidada sala ambientada con suave iluminación, cortinas de tonos claros y música clásica. En las mesas hay figuritas de bronce, como la que veis en la foto de abajo. Si cuando estáis sentados cenando empieza a sonar una musiquilla por los altavoces como de clarines y os entran ganas de poneros en pie mientras miráis hacia la puerta esperando que entre el Rey, es que habéis logrado sintonizar con el Castillo. Bien por vosotros.

Una cosa a mejorar y dos cosas buena del lugar (entre otras):
1. Mis expectativas me hacían pensar que, al estar en un Castillo y vistas las bacanales que mis fuentes (cine, libros y TV) me citaban, esperaba algo más… contundente. El precio de los platos también me hacía esperar algo más de cantidad. Cuando pido chicha, espero mucha chicha… Qué le vamos a hacer.

Entendedme: la comida es buena. De categoría. Pero cuando alguien me habla de “Falsos ravioli meneados en salsa de consomé” (aprox) no espero encontrarme un recipiente de consomé de color dorado pintura CITADEL donde se ahogan tres pequeñas papas meneás con forma de ravioli y un par de gambas en una bonita imagen que me recordaba más al momento final de Terminator II cuando se hunde en la fundición.


2. Las carnes estaban buenas, aunque en principio me hizo desconfiar un poco el “rellenar” el plato con una decoración compuesta de un pequeño brócoli flanqueado por dos tiras de zanahoria (bonito reflejo de escudo imperial – vegetal, digo yo). El vino -recomendación de la casa-, cabezón (Que se lo digan a La Presi).

3. Como lo habitual es estar rodeado de parejas “amoradas”, las oportunidades de aprendizaje sobre el arte de la seducción son mayores que un fin de semana con Arturo Fernández. Pero sobre esto voy a hacer un post aparte, porque las técnicas merecen un análisis aparte.


La atención al personal es ferpecta.

He de admitir que al pedir el Cola Cao por la mañana nos llevamos un pequeño susto, porque el camarero dijo “En seguida”… y se llevó la mano al bolsillo del pantalón. Ambos contuvimos el aliento, esperando a que –como si de polvos mágicos medievales se tratase- el camarero sacase un puñado de polvos de cacao de su pantalón y los echase directamente en el vaso. Por suerte solo iba a sacar un boli, pero nuestra versión de la historia era mucho más interesante.

Creo que es en el único sitio donde La Presi ha disfrutado durante el desayuno eligiendo el sobre del Cola Cao, ya que te lo traían en una bandeja donde podías elegir entre varios, como si se tratase de las preguntas finales de “El tiempo es Oro”.

sábado, 21 de junio de 2008

Citas Camboyanas

"Ese es su tacón de Aquiles"

(Tragedia Griega, vista por Almodovar)

Ciudad Rodrigo, mi "ciudad"

Lo primero que te viene a la mente al llegar a la villa es que quizás la denominación de “Ciudad” le viene un poco grande. Como una gran parte de los emplazamientos castellanos su cogollo histórico se articula en torno a la plaza mayor (donde comimos unas tablas de embutidos y quesos normales. No os dejeis engañar por lo del Farinato... Se trata de chistorra empapada de harina hasta que decanta) y en una breve vuelta puedes ver los edificios más representativos y la muralla.
Hemos de felicitar a la compañera de la oficina de turismo, pues ante nuestra situación (una tarde para hacernos una idea del lugar) su explicación fue eficaz y concisa: Un edificio representativo de la arquitectura civil, otro de la religiosa y un paseo por las murallas. Una vez seguidas sus indicaciones he de decir que la información respondió plenamente a nuestras necesidades.

Las murallas te lanzan sobre el paisaje circundante y en esta situación puedes decir sin lugar a dudas que Ancha es Castilla, porque resulta difícil ver algo más que llanuras salpicadas de arbolados dispersos. Lo cierto es que debía ser fácil divisar al enemigo con tiempo suficiente como para preparar las defensas, irse a dormir y al día siguiente levantarse a media mañana para hacerle frente.

El antiguo palacio hoy parador es también un bonito lugar al que puedes entrar -haciéndote el despistado con el móvil para que nadie te diga nada- muy bien conservado.

Desconozco si la exposición de 1500 orinales del mundo (suena a coleccionable por fascículos) estaba a la altura del parador, pero ante la duda de si eran orinales originales o de segunda mano, descartamos por unanimidad entrar en el recinto. El que quiera ver orinales, que se pase por esta web que el Maestro Güin facilitó a la Comunidad Camboyana hace un tiempo.

La catedral de Ciudad Rodrigo es para mi lo más interesante a visitar: Comenzada al final de la moda románica y acabada cuando lo que molaba era el gótico, puede verse como las figuras en su interior pasan de tener la misma forma que si yo las hubiese dibujado (imaginaos a San Cristóbal pasado por la plancha) a un formato mucho más 3D (La Presi dixit).

El claustro interior tiene muchos detalles, en especial las pequeñas figuritas a los pies de las columnatas interiores fiel reflejo del estilo “escultor cachondo” o “m’aburro bucho”. En las naves del interior de la Catedral siempre puedes entretenerte con una amena lectura de "Mundo Negruno" mientras esperas que la misa dé comienzo.



Adicionalmente una de las celadoras de la Iglesia (o como se llame la persona que cuida las Iglesias para las visitas) se parecía mucho a Chus Lampreave lo que te daba un margen de confianza pues ya sabemos todos lo que pasa con los testigos de Jehová (La Presi dixit, de nuevo)

La entrada principal a la Catedral desde la calle consta de un primer par de portones de madera que solo se abren en ocasiones especiales –el acceso a turistas, muy bien señalizado, se hace por un lateral- y tras ellos una antesala a la Iglesia con un segundo par de puertas. Por tanto este pequeño hall accesible resulta solo desde el interior. Hasta ahí todo bastante natural.

Lo llamativo es que a determinadas horas la celadora ofrece una pequeña charla esa antesala haciendo especial énfasis en las figuras demoníacas que hay talladas por toda la Iglesia y en como determinadas iconografías rozan el escándalo. Tras mostrar un cierto desagrado por la cuestión finaliza con un “Pero claro, el escultor quiso hacerlo así, y como la Iglesia le dejó…” y en el aire queda flotando esa idea de Iglesia con carácter tan abierto y tolerante que caracterizaba su política de aquellos siglos.

La verdad es que la gracia del tema era que te lo contaba alguien que se parecía a Chus Lampreave. Ya veis lo divertida que es la vida en el Mundo de Afilio y La Presi. La Felicidad Inadvertida. El Encanto de las Pequeñas Cosas. Por ejemplo, quedarte embelesado con este niñito Jesús con cara de tener treinta años.


Ehmm… Dejando que el espíritu de Coehlo se aleje de mí, añadir que una vez acabado su discurso, Chus se marcha de la salita cerrando la puerta y quedas encerrado con otros tantos desconocidos, sentado en unas bancadas de madera, mientras unas luces iluminan el arco sobre la puerta y suena música clásica.

En nuestra mente parecían incrementarse las probabilidades de aparición sobre la pared de un círculo blanquinegro girando en espiral mientras te piden que lo mires fijamente hasta entrar en trance y luego que pongas la cruz en la donación de Hacienda a la Iglesia. Pero no (o eso creo): Un par de voces comienzan a narrar los hechos que aparecen grabados a piedra en el arco, mientras se van iluminando las partes correspondientes del mismo.

La voz femenina no la tengo identificada, pero estoy 100% seguro que la voz masculina es Papa Noel. Perdón: San Nicolas.

PS – Me he informado y he descubierto que este despliegue multimedia se está volviendo bastante habitual en algunos otros lugares religiosos. La de explicar las cosas, no la del círculo hipnótico.

PS2 - Acabo de notar que el vidrio está al verrés.

Y ya. De Ciudad Rodrigo no vimos más (ni menos)


miércoles, 18 de junio de 2008

El Castillo del Buen Amor

La Presi ha decidido darme una sorpresa y este fin de semana (Por Osiris, que os juro que mi cerebro salta de idea en idea tan a menudo como yo lo hago entre los post de este blog) hemos salido con destino desconocido (al menos para mi) por tierras castellanas.

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Al final ha resultado ser un lugar de lo más sorprendente y acogedor: El Castillo del Buen Amor.
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Se trata de una fortaleza donada por los Reyes Católicos a uno de sus nobles, quien a su vez se lo cedió graciosamente al Arzobispo de Fonseca. Además de servir de moneda de cambio (imagino) de diferentes favores políticos, nuestro amigo Fonseca se trajo al castillo a la familia Ulloa, una de cuyas féminas profesaba sus servicios (completos) a nuestro arzobíspico amigo.
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Hombre, yo creo que con los siguientes datos 1) al arzobispo le regalan un castillo, 2) decide llamarlo “Del Buen Amor”, y l3) recibes una invitación a ir… Pues las intenciones están claras. En cualquier caso me parece que primero invitó solo a Ulloa Padre y este, para curarse en salud, decidió llevarse a su mujer y sus hijas.

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Como buena plaza fuerte está situada en medio de la nada, en un desvío de la carretera de Salamanca a Zamora, rodeada de un foso (donde inteligentemente se ha construido una piscina) y con su laberinto circular de setos y todo. Aviso a navegantes: Al estar en medio de la naturaleza la combinación de vegetación, lluvia y determinadas estaciones climáticas favorece la aparición de bonita pelusilla blanca que tanto agradecen los alérgicos cuando desean pasar un mal rato, como podeis ver en la foto.

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El lugar es realmente encantador logrando un adecuado equilibrio entre el respeto de la arquitectura inicial del castillo y la puesta a disposición de todas las comodidades de un hotel. Esto quiere decir que las habitaciones comunes están decoradas como en “Los Tiempos de Antaño”, pero en limpio (Este periodo de la Línea Temporal Afilio va justo entre “Los tiempos de Maricastaña” y “En un Tiempo Muy Muy Lejano”).
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Un ejemplo de este contraste lo hallamos en las habitaciones: La llave es del modelo “Corral” con un llavero modelo “cheerleader’s pompom” que tiene dos funciones principales:



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1) Dificultar que te lleves la llave (hasta a mí me parece que el pompom es un trasto)
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2) Promover que dejes la llave en recepción cuando sales a dar una vuelta, o de otra manera puedes llevarte un susto al echarte la mano al bolsillo y pensar que tienes dentro un bicho muerto. Creedme si os digo que de paseo por el laberinto o por la noche en el castillo NO deseas tener ese pensamiento.
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En el Castillo del Buen Amor existen varios tipos de habitaciones, cuyos precios y características pueden consultarse en su web. La biblioteca y los diferentes salones de reposo no tienen desperdicio a la hora de hacerse fotos como si fuese para el “¡HOLA!” (El hecho de que La Presi parezca estar haciendo malabares con el jarrón en su cabeza es totalmente fortuito).

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Desde su Torre del Homenaje pueden verse los alrededores (desde allí descubrimos la existencia de un laberinto de setos, como en “El Resplandor”) y la piscina es realmente un remanso de paz… si eliminas el constante piar de los pájaros, cosa bastante improbable al estar en el campo (Qué esperabas).
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Por otro lado el Laberinto es –citando a Mejide- una overpromise: Está bastante mal cuidado y las paredes muy agujereadas permiten llegar con bastante facilidad al centro.

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He decidido que voy a contar antes de lo de Dublín este fin de semana de aventuras con encanto, que lo tengo más cerca y le afecta menos el Alzheimer.