miércoles, 18 de junio de 2008

El Castillo del Buen Amor

La Presi ha decidido darme una sorpresa y este fin de semana (Por Osiris, que os juro que mi cerebro salta de idea en idea tan a menudo como yo lo hago entre los post de este blog) hemos salido con destino desconocido (al menos para mi) por tierras castellanas.

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Al final ha resultado ser un lugar de lo más sorprendente y acogedor: El Castillo del Buen Amor.
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Se trata de una fortaleza donada por los Reyes Católicos a uno de sus nobles, quien a su vez se lo cedió graciosamente al Arzobispo de Fonseca. Además de servir de moneda de cambio (imagino) de diferentes favores políticos, nuestro amigo Fonseca se trajo al castillo a la familia Ulloa, una de cuyas féminas profesaba sus servicios (completos) a nuestro arzobíspico amigo.
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Hombre, yo creo que con los siguientes datos 1) al arzobispo le regalan un castillo, 2) decide llamarlo “Del Buen Amor”, y l3) recibes una invitación a ir… Pues las intenciones están claras. En cualquier caso me parece que primero invitó solo a Ulloa Padre y este, para curarse en salud, decidió llevarse a su mujer y sus hijas.

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Como buena plaza fuerte está situada en medio de la nada, en un desvío de la carretera de Salamanca a Zamora, rodeada de un foso (donde inteligentemente se ha construido una piscina) y con su laberinto circular de setos y todo. Aviso a navegantes: Al estar en medio de la naturaleza la combinación de vegetación, lluvia y determinadas estaciones climáticas favorece la aparición de bonita pelusilla blanca que tanto agradecen los alérgicos cuando desean pasar un mal rato, como podeis ver en la foto.

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El lugar es realmente encantador logrando un adecuado equilibrio entre el respeto de la arquitectura inicial del castillo y la puesta a disposición de todas las comodidades de un hotel. Esto quiere decir que las habitaciones comunes están decoradas como en “Los Tiempos de Antaño”, pero en limpio (Este periodo de la Línea Temporal Afilio va justo entre “Los tiempos de Maricastaña” y “En un Tiempo Muy Muy Lejano”).
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Un ejemplo de este contraste lo hallamos en las habitaciones: La llave es del modelo “Corral” con un llavero modelo “cheerleader’s pompom” que tiene dos funciones principales:



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1) Dificultar que te lleves la llave (hasta a mí me parece que el pompom es un trasto)
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2) Promover que dejes la llave en recepción cuando sales a dar una vuelta, o de otra manera puedes llevarte un susto al echarte la mano al bolsillo y pensar que tienes dentro un bicho muerto. Creedme si os digo que de paseo por el laberinto o por la noche en el castillo NO deseas tener ese pensamiento.
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En el Castillo del Buen Amor existen varios tipos de habitaciones, cuyos precios y características pueden consultarse en su web. La biblioteca y los diferentes salones de reposo no tienen desperdicio a la hora de hacerse fotos como si fuese para el “¡HOLA!” (El hecho de que La Presi parezca estar haciendo malabares con el jarrón en su cabeza es totalmente fortuito).

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Desde su Torre del Homenaje pueden verse los alrededores (desde allí descubrimos la existencia de un laberinto de setos, como en “El Resplandor”) y la piscina es realmente un remanso de paz… si eliminas el constante piar de los pájaros, cosa bastante improbable al estar en el campo (Qué esperabas).
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Por otro lado el Laberinto es –citando a Mejide- una overpromise: Está bastante mal cuidado y las paredes muy agujereadas permiten llegar con bastante facilidad al centro.

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He decidido que voy a contar antes de lo de Dublín este fin de semana de aventuras con encanto, que lo tengo más cerca y le afecta menos el Alzheimer.

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