sábado 28 de febrero de 2009

Retrospestiva 2 - 2: Dublín (ahora en serio)

Dublín, como sabréis (espero) es la capital de Irlanda. El símbolo de los irlandeses es el trébol, porque fue el ejemplo que San Patricio usó al evangelizar la isla para explicarles la santísima Trinidad. Ay, si P.Tinto hubiese pillao un trébol... Varios siglos después, queda un país muy religioso, una fiesta estupenda el 17 de marzo y tréboles por todas partes: en los souvenirs, en los folletos, en los logotipos de las empresas, y hasta en las farolas.

Antes de ir a Dublín, hay que saber dos cosas: todo en la ciudad gira alrededor del alcohol y los libros. La parte del alcohol es la que lleva turistas a Dublín: porque se bebe bastante (y bastante barato), y porque aquí se producen la cerveza Guinness y el whisky Jameson. Y las 2 factorías se pueden visitar (y son los sitios más visitados, claro). Así que empezamos por ahí.


Domingo por la mañana: de camino a la Guinness, pasamos por Jameson. No teníamos mucha intención de visitar la destilería (a nosotros, el güisqui no nos va mucho), pero sí de subir a una chimenea muy typical para ver la ciudad desde arriba. La chimenea estaba cerrada, pero aun así mereció la pena pasar, aunque solo fuera para saber que hay viviendas cuyas ventanas dan al patio del edificio de la destilería. Esos vaporcillos no pueden ser muy buenos, aunque sólo quede ahí el museo de la marca; la fábrica de toda la Guinness que se bebe en el mundo sigue en el centro de Dublín, y es inmensa.
Se visita sólo uno de los edificios -que tiene forma de pinta, donde te van explicando cómo se hace la cerveza, luego te la dejan catar, y al final de todo, en lo que sería la espuma de la pinta hay un bar desde el que se ve todo Dublín. La vista no es demasiado espectacular, no vamos a mentir, pero la cervecita sabe a gloria.Además, hay un espacio para dejar mensajitos, y los Roros dejaron claro que Camboya había pasado por Dublín.

Peeero...hay más Dublín además del alcohol. Están los escritores. Hay taaaaaantos escritores ilustres que han vivido en Dublín, y han escrito sobre Dublín, y con los que dar el c*ñ*z* constantemente en Dublín... Se lleva la palma James Joyce, que es el señor que está con la presi en la foto de abajo:
El problema es que este señor escribió varios libros bastante gordos, en concreto uno que se llama "Ulysses" y que transcurre en el Dublín. Es un tocho de los gordos, gordos; de los típicos libros que nadie se ha leido, vamos. Como habla de la ciudad con muchísimo detalle hay tours guiados, libros sobre el tema, plaquitas por las calles...
En cambio, de los verdaderos personajes ilustres de Dublín (los U2, claro) no hay ni rastro en ninguna parte. Creimos que era injusto y decidimos hacer este pequeño homenaje a través de los chanantes frente al hotel que tienen en la ciudad.

video

Otro de los escritores ilustres es Oscar Wilde; nos cayó mucho más simpático. Aparte de que se hace bastante menos pesao. Fue tan amable de posar con Afilio en actitud bohemia. Como son los dos de la farándula...


Luego, pues en Dublín hay cosicas que hay que ver: el Trinity College, que tiene un campus bastante chulo en pleno centro:
o la estatua de Molly Malone -la de los pubs-, con ese peasso de escote.
Y luego hay cosas que no hace falta irlas a ver porque te salen al paso todo el rato: está la Spire, que es una columna de acero inoxidable de 120 metros de altura que se ve desde todas partes
y las puertas estas de colores que son como la imagen de marca de las casas antiguas del centro. La verdad es que son bonitas; a la presi le encantaron y ahora tenemos miles de fotos de puertas de colores.
Y por último, si vais a Dublín no podeis dejar de pasar por este restaurante-pub-cafeteria metido en una catedral del siglo XVIII. En la planta de abajo está la barra del bar, en la cripta el club y en el coro y los pasajes superiores las mesas del restaurante. Están las vidrieras, está el organo, los candelabros...es un pasada. Y además, cenamos bien y estuvimos charlando con el dueño.
Muy amable el señor, vino a contarnos que Afilio era el primero que pedía como postre su nuevo cocktail, que se llama OLIVIA en honor a la mujer del señor Guinness, el de la cerveza y el libro de records, que se casó con ella en esta iglesia.