martes, 25 de marzo de 2008

Nombres desafortunados

Vale, lo admito. Tener dos apellidos que a la vez son nombres puede generar en la gente el tipo de comentarios que te hacen tanta gracia como cuando a alguien llamada Macarena le haces el gritito de Los Del Río.
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Me refiero a frases ingeniosas como "¡Anda, si tus apellidos también son nombres!", a lo que tienes que poner cara de sorpresa como si en treinta añitos no te hubieses dado cuenta del tema. Como psicólogo al que le han preguntado muchas veces "¡Anda, eres psicólogo! A ver ¡¿En qué estoy pensandooo?!" estoy acostumbrado a lidiar con semejantes esguinces neuronales a los que observo y catalogo con el mayor interés profesional.
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Sin embargo es cierto que podríamos estar peor, y por ello hoy abro una nueva etiqueta en la que hablaremos de "NOMBRES DESAFORTUNADOS", y no, no me refiero a Aitor Tilla o Chema Pamundi (Gomaespuma dixit).
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Nuestro primer descubrimiento (siendo justos, es un descubrimiento de la Presi) nos lleva a una gran ciudad nevada (no, no es Senolav) de Rusia llamado Perm, en 1983. Allí, un joven ruso logra abrirse paso entre la difícil sociedad (rusa) y comiendo ensaladillas y pasteles se hace un mocetón fuerte y alto con un sospechoso parecido a HeMan.
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Con esfuerzo y dedicación se hace patinador y logra medallas y triunfos en la pista de hielo delante de miles de personas. ¿Y con qué nombre lo hace? Luce con orgullo su nombre familiar frente al resto de paises, enfundado en esos pantalones de patinador con los que el (ex) narrador del Tomate podría llenar minutos enteros de speech.
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Su nombre es: Maxim... Trankov.
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Consejo profesional. Eres bueno en lo tuyo. Patinas mejor de lo que yo lo haré forever and ever. Me llena de respeto que quieras exponer tu legado familiar ante el resto del mundo (esta frase, leida a posteriori, solo es muy acertada aquí y con Nacho Vidal) pero, querido tovarich, recuerda que existe el concepto de nombre artístico.
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Entiendo que Maxtor o el Ultimo Guerrero estaban cogidos pero seguro que podías haber pensado algo mejor, al fin y al cabo, seguro que fuiste al colegio y recuerdas lo crueles que podemos llegar a ser los niños.

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